Consejos para un invierno saludable/Tips for a healthy winter


Con la llegada del frío somos más propensos a padecer gripes y resfriados, a que nuestro estado de ánimo decaiga, e incluso a coger algo de peso. Por eso, el Instituto DKV de la Vida Saludable ofrece una serie de consejos preventivos y prácticos para minimizar estos efectos motivados por la época invernal. Evitar cambios bruscos de temperatura, reforzar nuestra higiene o vestirnos utilizando la técnica de la “cebolla”, son algunas de las pautas que los expertos recomiendan para pasar un invierno saludable/Lower temperatures are linked to an icreased risk of influenza, colds and a low mood or weight gain. The DKV Institute for Healthy Living offers a series of tips to prevent these effects of winter weather:

 

  • Evita cambios bruscos de temperatura y adecuar la indumentaria. En esta época del año es frecuente pasar del frio al calor al entrar y salir de los sitios. Debemos tener especial cuidado y adecuar nuestra indumentaria al lugar donde nos encontramos. Lo más recomendable es vestirse con la técnica “cebolla”, es decir con varias capas, para poder mantenernos secos y calientes, además de que nos permite quitar y poner capas según la temperatura del lugar. También se debe tener en cuenta que la vivienda debe estar en torno a los 22º y es recomendable ventilar periódicamente los ambientes.

 

  • Refuerza tus hábitos de higiene. Los virus que causan resfriados pueden propagarse de las personas infectadas a otras mediante el aire y contacto personal cercano por las manos y los saludos en la cara Por eso es importante lavarse las manos a menudo para evitar contagios, taparse la boca cuando tosemos o estornudamos ¡pero no con la mano!, y evitar tocarse los ojos, la boca o la nariz ya que es de este modo como se propagan los virus presentes en las manos.

 

  • Cuida tu alimentación. En estas fechas nuestro organismo necesita más calorías para mantener el calor corporal. En invierno disponemos de alimentos de temporada calóricos, como las legumbres, que nos sirven para ir acumulando reservas de energía. Pero no debemos olvidarnos de comer cada día frutas y verduras frescas, y mantener una dieta equilibrada.

 

  • Protégete del sol también en invierno e hidrata tu piel. Debes proteger tu piel de los rayos UVA sea la época que sea, incluso en los meses de frío y nubes. Los rayos de sol pueden quemar la piel durante esta época del año, especialmente a aquellos que practican deportes invernales al aire libre en zonas reflectantes, como los de nieve. Por eso es necesario aplicar protección solar en las zonas de la piel que no se encuentren cubiertas por la ropa. Además, es aconsejable hidratar, proteger y nutrir la piel para evitar descamaciones, grietas o tirantez y prurito (picor en la piel). 

 

  • Cuida tu estado de ánimo. Durante el invierno los días se acortan, oscurece antes y hace frío. Esto hace que para muchas personas decaiga su estado de ánimo, incluso algunas son diagnosticadas del llamado Trastorno Afectivo Estacional o Depresión de Invierno. Por eso es importante mantener una actitud positiva, realizar actividades al aire libre en las horas de luz, y descansar y dormir el tiempo necesario (ni más ni menos) en una ambiente agradable y con la temperatura adecuada.

 

  • Pon atención a la protección de tu hogar. El invierno es la estación donde ocurren más incendios en el hogar, además de existir más riesgo de intoxicación por monóxido de carbono debido al uso de estufas y calderas para calentar el ambiente. En este sentido es aconsejable prestar especial atención al gas, las cocinas, las chimeneas y estufas, incluso tener cuidado al instalar el árbol de Navidad, utilizando luces homologadas y apagar el alumbrado al salir de casa o irse a dormir.

 

  • Practica deporte también en invierno. A pesar de que en invierno cuesta más salir de casa para hacer ejercicio, no debemos dejar de practicarlo en esta época. Además de los conocidos beneficios para nuestra salud, nos ayudará a entrar en calor y combatir el frío.

 

Debemos tener especial cuidado con los bebés, las personas mayores y los enfermos encamados. Los bebés son más sensibles a los cambios de temperatura porque su mecanismo termorregulador –que sirve para adaptar la temperatura corporal a los cambios del entorno- no ha madurado y todavía no funciona bien. Con la edad, este mecanismo sufre alteraciones, y por eso los mayores de 75 años son más vulnerables al frío y al calor intenso. En los pacientes encamados, la falta movilidad y ejercicio físico impide producir calor con los músculos y en muchos casos hay límites económicos a la calefacción permanente de la habitación. Algunos ancianos y pacientes diabéticos encamados pueden tener problemas de sensibilidad al calor en las piernas y para ellos son peligrosas las mantas eléctricas y bolsas de agua caliente en esas zonas de las piernas más frías y peor irrigadas, pues pueden quemarles y no notarlo.

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