La primera revisión ocular, cuanto antes mejor


Son pocas las anomalías visuales que no pueden reconducirse si se detectan antes de los 4 años, y es fundamental extremar el cuidado de nuestra salud ocular hasta los 9-10 años, etapa en la que el ser humano desarrolla la agudeza visual que va a tener en la vida adulta.

Si en la familia hay antecedentes de defectos refractivos, estrabismos u otros problemas oculares, la primera visita al especialista debe realizarse con mayor motivo e incluso antes de esta edad; y por supuesto, por pequeños que sean, ante la aparición o sospecha de cualquier problema de visión, la cita del menor con el oftalmólogo debe ser inmediata.

“No cuesta nada traer a los pequeños de la casa a una revisión y quedarnos tranquilos; además, gracias a un equipo muy bien preparado, lo pasan bien, se divierten y quieren volver”, indica la Dra. Begoña Ortiz de Zárate, responsable del Departamento de Oftalmología Clínica y Diagnóstico de Innova Ocular IOA Madrid -perteneciente a la red de clínicas de Microcirugía Ocular de mayor prestigio y tradición de España, Innova Ocular-, en el blog de este centro, añadiendo que “son escasos los problemas que no pueden reconducirse si se detectan antes de esa edad”.

Y es que el ser humano desarrolla la agudeza visual que va a tener en la vida adulta y “aprende a ver” durante su primera infancia, hasta los 9-10 años -continúa-, por lo que el cuidado de la salud ocular en esta primera etapa de nuestra vida es fundamental, “ya que va a condicionar nuestro futuro, tanto personal como profesional”.

Hasta tal punto son claves estos años en el correcto desarrollo visual del individuo que la especialista asegura que, incluso en el caso de enfermedades degenerativas o problemas hereditarios como la aniridia o el nistagmus, en los que no se consiguen resultados brillantes, el diagnóstico precoz y tomar las medidas adecuadas para conseguir el máximo rendimiento visual de estos niños puede marcar la diferencia entre adultos que hagan carreras universitarias o cegueras funcionales.

Fechas en las que extremar el cuidado

Por eso, especialmente en estas fechas en las que se acerca el final del curso, con lo que los esfuerzos visuales y las horas de estudio aumentan, y se suman al ya elevado tiempo que los pequeños pasan frente a pantallas de ordenador, tablets, smarthpones y otros dispositivos que fatigan la vista, la Dra. Ortiz de Zárate insta a los padres a estar especialmente atentos en el cuidado de los ojos de sus hijos.

Según sus palabras, los padres “tendemos a pensar que, si no notamos nada en nuestros niños pequeños o no nos avisan del colegio por apreciar algo raro y, además, con el encomiable trabajo de los pediatras, que también controlan la visión de los niños, no es necesario llevarlos a un oftalmólogo hasta que son más mayores”.

“Es un error comprensible, pero no deja de ser un error”, asevera, ya que “a veces, cuando el problema da síntomas ya es tarde para remediarlo y, hoy en día, con los medios de los que disponemos, no es justificable que un niño quede con una deficiencia visual incorregible y que puede condicionar su vida futura”.

Otro error destacado por la responsable del Departamento de Oftalmología Clínica y Diagnóstico de Innova Ocular IOA Madrid es confundir dioptrías con agudeza visual. Las dioptrías se pueden corregir con diferentes medios, como gafas, lentes de contacto o incluso cirugía; pero si el ojo es vago y no ve más que la primera fila de letras que se le muestran, “hagamos los que hagamos, pasados los 10 años de edad por término medio, el pequeño no va a pasar de esa visión”, asegura. Por el contrario, hay niños con defectos elevados que han sido tratados a tiempo y, con su correspondiente corrección, llegan a ver el 100%, es decir, la última fila de letras.

Escotoma de supresión para compensar anomalías visuales

Y es que, tal y como explica la Dra. Ortiz de Zárate, el ojo no deja de ser “un terminal mejor o peor enfocado, más o menos trasparente, alineado adecuadamente o no con el ojo contralateral; pero donde se integra la información, donde realmente ‘vemos’, es a nivel del cerebro, y por tanto es a éste al que tiene que llegar la información correctamente.

En este sentido, las principales causas por las que el desarrollo visual puede estar alterado son:

– Desenfoque: Defectos refractivos bilaterales o que afecten sólo a un ojo y pasen desapercibidos.

– Falta de transparencia de los medios ópticos: cataratas congénitas, malformaciones congénitas que afecten a la pupila o a la retina (colobomas), cicatrices, etc.

– Falta de alineamiento de los ejes visuales: estrabismos y/o paresias congénitas musculares.

Y todos ellos, por un mecanismo u otro, producen una respuesta anómala debido a la plasticidad del cerebro del niño: la supresión de la imagen desenfocada. La Dra. Ortiz de Zárate pone un ejemplo claro para ilustrar este procedimiento: “El cerebro de un niño con estrabismo recibe simultáneamente dos imágenes y eso produce visión doble (diplopia) y confusión; pero la respuesta cerebral es ‘anular’ el centro de la imagen del ojo estrábico (escotoma de supresión), algo así como lo que hacen en televisión con la cara de un menor: la emborronan”.

Lo mismo pasa en un niño con un defecto de graduación más elevado en un ojo que en otro, que el cerebro se queda con la mejor imagen y anula la otra; y así ocurre en el resto de las anomalías visuales. De esta forma, el escotoma de supresión es la causa del llamado ojo vago, “que no es otra cosa que un ojo que no ve, por un defecto de aprendizaje”, concluye la especialista.

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